jueves, 31 de marzo de 2016

Oro sin sponsor

Mucho lamentamos la falta de apoyo del Estado al deporte peruano y poco reclamamos el mismo apoyo a la empresa privada. Sin embargo, en la medalla de oro que la fondista Gladys Tejeda ha logrado para el Perú en los Juegos Panamericanos Toronto 2015, el gran ausente ha sido el sector privado; pese a que en otras latitudes, las grandes marcas suelen ser las más interesadas en auspiciar a los buenos deportistas. Esto no sucede con nuestros atletas pese a que llevan muchos años demostrando su gran capacidad.

Seguramente ahora sí muchos anunciantes estén dispuestos a disputar un espacio en el traje deportivo de la atleta para colocar sus marcas a cambio de apoyo económico; pero seguirán dejando de lado a otros valiosos deportistas hasta que éstos logren por su propia cuenta alguna presea dorada.
Acostumbrados como estamos a un Estado paternalista dejamos de lado los compromisos que la empresa privada debería tener con el país, en temas como el deporte, la educación, la salud o el medio ambiente. Creemos que no nos corresponde intervenir en sus criterios de responsabilidad social. Nada más equivocado.

El sistema legal peruano favorece la inversión privada, le concede un lugar privilegiado que debería ser correspondido en la misma medida. Y no sólo por compensación, sino porque lejos de resultar un gasto para las empresas, el apoyo a los deportistas destacados –por ejemplo- les puede proporcionar grandes réditos comerciales.


Conseguir una medalla de oro en una competencia como la de Toronto, no es algo que sucede muy a menudo para países como el nuestro. A las voces que reclamarán más apoyo del Estado deberían sumarse las que pidan lo mismo al sector privado. (JULIO, 2015)

“La boda del año”

El último sábado, la boda entre dos concursantes del programa “Esto Es Guerra” fue transmitida por televisión nacional y replicada en Internet, minuto a minuto. La denominada “Boda del año” tuvo 29.2 puntos de rating como promedio. Según Ibope, esta fiesta farandulera fue lo más visto ese día, con picos de 37.2 puntos en el sector DE y 31.8 en el AB. Mientras tanto en Toronto, competían nuestros deportistas en los Juegos Panamericanos, sin recibir mayor atención de los medios.

Este paralelo fue destacado por un mensaje viral que circuló esa noche en las redes, que señalaba: “Disculpen por salirme del tema. Solo quería desear suerte a los atletas peruanos que compiten en los Juegos Panamericanos… Son 158 deportistas que compiten en 28 disciplinas. Que dejen en alto el nombre de Perú…”.

Este mensaje fue copiado y pegado por miles de cibernautas en los muros, perfiles y páginas en donde se comentaba la boda de marras. Pero, si bien este viral refrescó la noche; no podemos olvidar que, en contraposición, fueron millones de peruanos los que se quedaron prendados el sábado con los costosísimos detalles de una boda, tan lejana a ellos en la realidad como cercana, en ese mundo rectangular que tienen incrustado en casa.


Y es que, en lo que se refiere a televisión basura, el contexto es siempre el mismo: unos miles critican, reclaman o exigen que haya un cambio; mientras millones y millones siguen embelesados frente a ella. Como esos millones de personas se convierten en millones de ventas para los anunciantes o millones de votos en campaña, se consolida el sistema para que todo vaya de mal en peor. (JULIO, 2015)

Universitarios aburridos

Alumnos de quinto año de la Escuela Profesional de Ciencias de la comunicación de la Unsa han juntado firmas para solicitar el inmediato cambio de un docente. En el memorial presentado al jefe del Departamento Académico se puede leer lo siguiente: “los alumnos no entendemos lo que nos quiere enseñar, además de aburrirnos” (sic).

Respecto a este pedido no podemos pasar por alto dos cuestiones muy importantes: la primera, que la calidad de algunos docentes universitarios es cuestionable; y la segunda, que la calidad de los estudiantes también deja mucho que desear. De lo primero podemos responsabilizar a la politización de la administración universitaria que no siempre selecciona a sus docentes con criterios académicos. De lo segundo, el culpable es el sistema educativo, que apenas logra formar a los escolares y que los deja muy lejos de entender en qué consiste una formación universitaria. Que un profesor universitario “nos aburra” no es razón suficiente para desacreditarlo como tal.

Las llamadas academias pre-universitarias que han proliferado en los últimos años y que hasta se han convertido en “colegios pre-universitarios” dirigen sus esfuerzos “pedagógicos” hacia un solo objetivo: el examen de ingreso a la universidad. Y el sólo hecho de responder satisfactoriamente una base de datos dista mucho de una formación educativa de calidad. Ingresar con un puntaje de 20 sobre 100, además, no asegura en mucho la capacidad del alumno para enfrentar una formación universitaria. Eso debería cambiar.


Actualmente, el sistema universitario se encuentra en un proceso de reforma, el cual parece sólo estar involucrando a la comunidad universitaria, cuando en realidad nos concierne a todos, pues se trata de las aulas que forman a los profesionales que construyen nuestra sociedad. (JUNIO, 2015)

Nada en el cerebro

¿Qué tiene que suceder para que un adolescente se inyecte petróleo en el cuerpo creyendo que mejorará su aspecto físico? Primero, que no sepa cómo funciona su organismo; lo que se debe a una pésima formación educativa. Segundo, que haya escogido un modelo a seguir equivocado; lo cual podemos atribuirle a los contenidos de la televisión basura. Y tercero, la total ausencia de los padres como guía.

La noticia de dos hermanos cuzqueños de 17 y 10 años que se inocularon petróleo para parecerse a sus ídolos de la televisión ha vuelto a desatar las críticas en contra de cierto tipo de programas. La madre de los niños, incluso, ha anunciado que demandará al programa “Esto es guerra”, pues sostiene que uno de los participantes dio este consejo para mejorar la condición física. Legalmente, la señora tendrá que demostrar que, en efecto, se dio ese consejo a través del programa; moralmente, la actitud de la mujer demuestra que no ha terminado de asumir su propia responsabilidad.

¿Qué diferencia existe entre estos muchachos y los centenares de jovencitas que caen en la anorexia para parecerse a las modelos de televisión o de aquellas mujeres que se inyectan aceite de avión en los glúteos? En esencia son lo mismo: un afán irracional por imitar un modelo de éxito basado en lo superfluo. Y eso no es sólo de ahora, ni exclusivamente peruano, ni de un nivel socioeconómico en específico.


Ya va siendo hora que los programas de televisión aparezcan con una advertencia sobre el peligro que encierran sus contenidos; y que tanto padres como maestros superen obstáculos para llegar a los jóvenes con temas que realmente los involucran. (JUNIO, 2015)

Peatonalizar a la mala

¿Recuerdan cómo era transitar por la calle Mercaderes antes de que fuera peatonal? Ahora, esa es la única calle del centro en la que se puede andar medianamente a gusto. Pero –ojo-, no es lo mismo una calle que todo el Centro Histórico. No se puede esperar que un cambio tan dramático funcione de la noche a la mañana y sin mayor planificación como pretende la actual administración municipal.

Si las principales actividades económicas y trámites burocráticos tienen que realizarse en el Centro es de esperar que este proyecto no sea bienvenido. No todos los ciudadanos pueden ofrecer el esfuerzo de caminar varias cuadras para llegar a su destino, como las personas de la tercera edad, discapacitados, mujeres embarazadas o con niños pequeños. Las principales oficinas del Estado, como el Banco de la Nación, Sunat, 

Registros Públicos o Reniec deberían tener sedes descentralizadas en las que puedan realizarse todos los trámites sin restricción; pero no sólo eso, deberían estar concentradas en zonas estratégicas, pues por lo regular se tiene que acudir a más de una. De esa manera, disminuiría naturalmente buena parte del flujo de personas hacia el Centro de la ciudad. Pero, nada de eso se ha previsto.


Tampoco sirve de mucho una peatonalización, cuando las reglas de tránsito no son respetadas. En las calles aledañas a las zonas que serán peatonalizadas el flujo vehicular va a aumentar y será inmanejable si no se hace cumplir normas como la que impide la circulación de vehículos pesados o las prohibiciones de estacionamiento. Sin una planificación seria, la peatonalización no es ni será entendida como la ventaja que sí es en otras ciudades del mundo. (JUNIO, 2015)

Conflicto sin resolver

En Arequipa, durante el último paro en contra del proyecto minero Tía María, no se registraron desmanes como en el anterior. Actualmente, en la ciudad todo se desarrolla habitualmente y perdemos de vista que en el valle de Tambo se vive bajo estado de emergencia y que la protesta de sus pobladores sigue sin ser resuelta, pese a las pérdidas humanas y materiales.

¿Qué va a suceder cuando culmine el Estado de Emergencia? La estrategia del gobierno sigue siendo que la protesta se agote, postergando la resolución del conflicto hasta el nuevo mandato.  

En ese camino, el destino del proyecto terminará dependiendo de quién elijamos como nuevo presidente. En el horizonte inmediato no aparece ninguna figura que proponga la cancelación del proyecto. Keiko Fujimori, PPK y Alan García, que encabezan las encuestas, están a favor de la minería tal y como se practica hoy en el Perú.

Existió una posibilidad legítima de oposición racional al proyecto con la última elección de alcaldes en Tambo. Ellos desde la fortaleza de la representación popular y democrática debieron sentarse a dialogar, pero no lo hicieron; en espera de las famosas “lentejas”, probablemente. Esa oportunidad perdida nos ubica frente a un horizonte incierto, nuevamente.


Si es cierto que Tía María puede convivir armoniosamente con la agricultura del valle, los promotores del proyecto deberían estar dispuestos a explicarlo en todos los idiomas. La negativa a que el EIA sea revisado por un ente técnico neutral, más allá de un error, es la prueba de que algo se esconde. No hay que ser anti-minero para darse cuenta de ello; tampoco hay que vivir en Tambo para reconocer que el problema es nuestro. (JUNIO, 2015)

Un Estado a favor de las invasiones

A finales de los 70, la Asociación Peruarbo solicitó formalmente al Estado los terrenos eriazos colindantes al Colegio Militar Francisco Bolognesi, para instalar un proyecto urbano estructurado. La solicitud fue denegada debido a que el lugar escogido no estaba destinado para vivienda. 

Pocos años después un grupo de invasores tomó el lugar y formó lo que hoy se conoce como Pampas de Polanco. Los invasores lograron construir sus viviendas y dotarse de servicios básicos en mucho menos tiempo que los urbanizadores de Peruarbo, que fueron ubicados en el Cono Norte y sufrieron décadas sin electricidad, agua y desagüe. Así, quienes recurrieron a la legalidad salieron perdiendo, mientras que la invasión se estableció con la falta de planificación que las caracteriza.

Esta historia nos recuerda que, ante la necesidad de vivienda, la ineficiencia del Estado auspicia las invasiones, pues terminan siendo la forma más rápida de obtener un terreno para las personas de escasos recursos. De esta manera, además, es el propio Estado el que deja servida la mesa para la proliferación de traficantes de terrenos, que lucran con estas invasiones y las utilizan para manejos políticos bastante veleidosos. Ahí tenemos al inefable Felipe Domínguez, dirigente que antes encausaba la fuerza popular del Cono Norte para apoyar al liberal régimen fujimorista, ese mismo que otorgó amplios beneficios tributarios a la minería; y que ahora alza la bandera antiminera.


El pasado lunes murió un hombre de 32 años en medio de un violento enfrentamiento con armas entre invasores en Cayma. En vano serán los pronunciamientos al respecto mientras el Estado no comience a hacer lo que le corresponde: poner orden. (MAYO, 2015)

Tarde y mal


El tablero del diálogo ha sido pateado más de una vez y de distintas maneras. Recobrar la confianza para llegar a un acuerdo satisfactorio no es un proceso que lleve poco tiempo. Todos tienen su propia receta para poner fin al conflicto en el valle de Tambo en contra del proyecto minero Tía María, pero ninguna parece aplicable. Lo que ocurre mientras tanto es la polarización de la población, agravios y amenazas que se disparan desde ambos bandos, además de la violencia física, la mediática y las sucias jugadas por debajo de la mesa.

“Hace rato se debió retirar el proyecto”, “hace rato se debió declarar el Estado de Emergencia”, son algunas de las exclamaciones que se escuchan en la calle y aunque plantean remedios opuestos, coinciden en algo: el gobierno ha fallado en dejar que se prolongue el conflicto.

Tía María no va. Al menos en el corto plazo eso ya está bastante claro y es el largo plazo el que está en pugna. Un término que ya no estará en manos del gobierno actual, como también se le ha escapado de las manos la solución del conflicto vigente.

La revisión del Estudio de Impacto Ambiental de Southern por parte de un organismo técnico neutral y una consulta popular, previa campaña transparente de información, parece lo más sensato. Pero ni el gobierno, ni la empresa, ni los opositores parecen estar dispuestos a aceptar estas condiciones.


El audio de las “lentejas” ha sido una jugada mayor que busca deslegitimizar la protesta, pero eso no aclara el escenario sólo lo enturbia más, en detrimento de quienes sienten que su causa es justa. Aunque a estas alturas, ya nada es justo. (MAYO, 2015)

Nos odiamos tanto

Arequipa vive desgarrada por el racismo. El conflicto por el proyecto minero Tía María lo ha puesto nuevamente en relieve. En las calles, la radio y las redes sociales se encuentran agravios racistas de toda índole. Hasta los llamados a la paz son motivo de enfrentamientos verbales y discriminatorios.

A juzgar por los mensajes en redes sociales, existen personas que se consideran “netos arequipeños”, que desprecian todo lo que a su entender no es “originario”, critican a los inmigrantes por una supuesta falta de identificación con la ciudad y los culpan de todo mal. 

Involuntariamente, mientras expresan ésta postura se pintan de cuerpo entero, en su falta de racionalidad para identificar las verdaderas causas de un conflicto, en la estrechez de criterio para determinar responsabilidades, en la torpeza de prejuicios y en la contradicción de conceptos, como identidad, orgullo, democracia o paz.

De parte de quienes se sienten agraviados por los “netos arequipeños” tampoco existen razonamientos lúcidos pues también se traducen en desprecio, resentimiento y violencia.

“En sus caras se nota que son arequipeños de verdad”, se leía en un comentario en Facebook sobre la “Marcha por la Paz”. Observación muy curiosa porque en los perfiles de esa red social, entre los que se dicen “arequipeños de verdad” y los que no, se ven todos los matices de piel. ¿Será porque todos somos peruanos?


No es fácil amar un lugar en donde te sientes rechazado, insultado o ignorado. Y ya casi todos se sienten así. El arequipeño que se considera “invadido” y el inmigrante que es discriminado. En esta ciudad de odios que estamos construyendo va quedando muy poco de qué sentirnos orgullosos. (MAYO, 2015)

Déjala decidir

“Si pudiéramos extraer petróleo de embriones, pues deberíamos hacerlo y no habría ningún dilema moral”, dijo en todas sus palabras el filósofo español Jesús Mosterín, en su última visita a Arequipa en setiembre de 2011, frente a un abarrotado auditorio que se quedó perplejo luego de oírlo. Mosterín, apelando a la ciencia, dijo que un embrión, mientras no tiene cerebro ni corazón, no es un ser humano. Cabe precisar que el filósofo no profesa ninguna fe religiosa.

Después de la impactante exposición, algunos de los asistentes visiblemente horrorizados se reunieron a comentar el tema. Los argumentos giraban en torno a las creencias religiosas y el soplo divino de vida que comienza en la fecundación. También primaba el temor que argumentos como el expuesto terminaran consintiendo una sexualidad irresponsable que no valore las vidas por nacer.
Cada postura obedecía a sus propias creencias religiosas. En ese sentido salí entendiendo que una sociedad católica como la nuestra no va aceptar la interrupción de un embarazo en ningún caso, ni aun cuando esté en riesgo la vida la madre, ni cuando se trate de un caso de violación. Es esa una postura coherente con sus creencias.


Pero ¿qué sucede cuando una mujer no comparte esas creencias y ha sido violada o su vida está en riesgo por un embarazo? ¿Debería tener el derecho a elegir? Lo deseable sería que aún con una legislación que permita los abortos en determinados casos, las mujeres decidieran no abortar guiadas por sus propias convicciones y no forzadas por la ley. Pero, como las cosas no funcionan así, la religión sigue imponiendo sus criterios por la fuerza de las leyes humanas. (06/MAY/2015)