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jueves, 31 de marzo de 2016

“La boda del año”

El último sábado, la boda entre dos concursantes del programa “Esto Es Guerra” fue transmitida por televisión nacional y replicada en Internet, minuto a minuto. La denominada “Boda del año” tuvo 29.2 puntos de rating como promedio. Según Ibope, esta fiesta farandulera fue lo más visto ese día, con picos de 37.2 puntos en el sector DE y 31.8 en el AB. Mientras tanto en Toronto, competían nuestros deportistas en los Juegos Panamericanos, sin recibir mayor atención de los medios.

Este paralelo fue destacado por un mensaje viral que circuló esa noche en las redes, que señalaba: “Disculpen por salirme del tema. Solo quería desear suerte a los atletas peruanos que compiten en los Juegos Panamericanos… Son 158 deportistas que compiten en 28 disciplinas. Que dejen en alto el nombre de Perú…”.

Este mensaje fue copiado y pegado por miles de cibernautas en los muros, perfiles y páginas en donde se comentaba la boda de marras. Pero, si bien este viral refrescó la noche; no podemos olvidar que, en contraposición, fueron millones de peruanos los que se quedaron prendados el sábado con los costosísimos detalles de una boda, tan lejana a ellos en la realidad como cercana, en ese mundo rectangular que tienen incrustado en casa.


Y es que, en lo que se refiere a televisión basura, el contexto es siempre el mismo: unos miles critican, reclaman o exigen que haya un cambio; mientras millones y millones siguen embelesados frente a ella. Como esos millones de personas se convierten en millones de ventas para los anunciantes o millones de votos en campaña, se consolida el sistema para que todo vaya de mal en peor. (JULIO, 2015)

Nada en el cerebro

¿Qué tiene que suceder para que un adolescente se inyecte petróleo en el cuerpo creyendo que mejorará su aspecto físico? Primero, que no sepa cómo funciona su organismo; lo que se debe a una pésima formación educativa. Segundo, que haya escogido un modelo a seguir equivocado; lo cual podemos atribuirle a los contenidos de la televisión basura. Y tercero, la total ausencia de los padres como guía.

La noticia de dos hermanos cuzqueños de 17 y 10 años que se inocularon petróleo para parecerse a sus ídolos de la televisión ha vuelto a desatar las críticas en contra de cierto tipo de programas. La madre de los niños, incluso, ha anunciado que demandará al programa “Esto es guerra”, pues sostiene que uno de los participantes dio este consejo para mejorar la condición física. Legalmente, la señora tendrá que demostrar que, en efecto, se dio ese consejo a través del programa; moralmente, la actitud de la mujer demuestra que no ha terminado de asumir su propia responsabilidad.

¿Qué diferencia existe entre estos muchachos y los centenares de jovencitas que caen en la anorexia para parecerse a las modelos de televisión o de aquellas mujeres que se inyectan aceite de avión en los glúteos? En esencia son lo mismo: un afán irracional por imitar un modelo de éxito basado en lo superfluo. Y eso no es sólo de ahora, ni exclusivamente peruano, ni de un nivel socioeconómico en específico.


Ya va siendo hora que los programas de televisión aparezcan con una advertencia sobre el peligro que encierran sus contenidos; y que tanto padres como maestros superen obstáculos para llegar a los jóvenes con temas que realmente los involucran. (JUNIO, 2015)

martes, 28 de abril de 2015

Adicción a la basura

Como todos los órganos del cuerpo humano, el cerebro necesita ejercicio para no anquilosarse, lo dice la neurociencia. El ejercicio elemental del cerebro es pensar. Fisiológicamente, el pensamiento requiere del estiramiento de las dendritas para que exista contacto interneuronal (sinapsis). Cuando las actividades humanas no demandan mayor esfuerzo mental, las dendritas reducen su propiedad de estiramiento y nuestra capacidad de pensamiento también disminuye, según sostienen algunas teorías ontogénicas del sistema nervioso.

Escrito en un pentagrama, el ritmo del reggaetón es plano y sencillo, casi equivalente a una ronda infantil. Según la neuropsicología, los infantes asimilan mejor una ronda debido a que su cerebro se encuentra en una etapa inicial de desarrollo.  Pero, este mismo patrón aplicado en adultos adormece la capacidad neuronal. Quizás por eso resulta “pegajoso”.

Similar proceso ocurre con la llamada televisión basura: no demanda mayor esfuerzo mental. El agotamiento que produce la vida cotidiana es para muchos una justificación suficiente para consumir entretenimiento fácil de digerir. Y en ese sentido, la televisión por sí misma es fácilmente digerible. El acto de colocarnos enfrente de un monitor y consumir lo que otros deciden que debemos consumir no es nada complicado, esto lo vuelve atractivo  y la continuidad, adictivo. Entonces, el consumidor pierde la voluntad y los efectos llegan a ser irreversibles.


Una sociedad educada e instruida es lo mejor en contra del embrutecimiento que puede producir el consumo de televisión. Pero lamentablemente, una sociedad así es más difícil de alcanzar que algo de control sobre los peores contenidos que ofrece la televisión. La regulación no es el remedio, pero el Estado debe hacerla. Así como regula el consumo de alcohol o tabaco. (feb.2015)