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viernes, 1 de abril de 2016

Reforma sin cambios

La UNSA es la tercera universidad nacional que recibe más recursos económicos por concepto de canon minero, según un estudio presentado por la Red Mundial de Científicos Peruanos (RMCP), que señala que esta universidad ha recibido un total de 139 millones de soles por este concepto. De este monto apenas ha gastado 24,4 millones (17,55%) y no precisamente en investigación que, se supone, es el objetivo de estos recursos.

El canon que recibe la UNSA proviene principalmente de la actividad minera, es decir de la explotación de nuestros recursos naturales. En otras palabras: es dinero del país. La investigación científica es, seguramente, el mejor aporte que puede hacer una universidad a la comunidad en el que se desarrolla. Estudios técnicos que contribuyan a solucionar problemas como el tráfico o el crecimiento urbano desordenado; o investigaciones que propongan alternativas de desarrollo sostenible en las singularidades de nuestro medio podrían ser estupendas retribuciones y contribuciones de la universidad a la ciudad. Pero no ha sido así.


Y no ha sido así porque la universidad ha estado gobernada por autoridades sin escrúpulos que han utilizado sus recursos para perpetuarse en el poder. Hace pocos días, el ex rector Rolando Cornejo Cuervo no ha tenido ningún reparo en confesar a la prensa que “compraba” a los asambleístas a cambio de cargos para asegurar sus votos.  Su sucesor, Valdemar Medina, según el  propio Cornejo, no fue ajeno a esta práctica. Ahora Medina compite en segunda vuelta por volver al rectorado, pese a que tiene pendientes procesos ante la Contraloría por irregularidades que se cometieron durante su periodo. Pareciera que, a la reforma universitaria, le espera un largo camino antes de lograr un verdadero cambio.
(DICIEMBRE, 2016)

Los hijos de la bonanza

En China se ha puesto fin a la política de un solo hijo que llevaba vigente más de 30 años. Las razones expuestas son de índole económica; sin embargo, también se ha explicado que, luego de estas tres décadas, los chinos han caído en la cuenta que esta política provocó el surgimiento de varias generaciones de “ciudadanos inútiles”, pues la restricción de tener sólo un hijo, inducía a los padres a sobreprotegerlo, excederse en atenciones y evitarle molestias.

En los países ricos de Occidente, según un análisis recientemente publicado en El País, durante las últimas décadas los padres se han esforzado “de una manera nunca vista” por no herir los sentimientos de sus hijos, para protegerles de lo feo, lo duro y lo difícil de la vida.  La consecuencia, señala la publicación, “ha sido la aparición de una generación de adolescentes y veinteañeros psicológicamente delicados”.

Mientras esto ha venido ocurriendo en las potencias económicas del mundo ¿qué hemos hecho con nuestros hijos en el Perú y Latinoamérica? También hemos buscado simplificarles la existencia, independientemente de las condiciones económicas. Hemos dejado que los eduque la televisión, con sus programas de concurso que fomentan el culto a la frivolidad y chismes faranduleros que le otorgan fama y fortuna a las conductas falsas y vejatorias. Les hemos dado muy pocos ejemplos buenos a seguir; y no les hemos enseñado la importancia del esfuerzo.


A partir de esta idea, podríamos ir cambiando lo que compartimos con nuestros hijos, de lo que enseñamos en casas y escuelas; a esas generaciones que, más pronto de lo que pensamos, dejan de ser el futuro para convertirse en el irremediable presente.
(NOVIEMBRE,2016)

Ama Quella

Cuando un bebé nace y por alguna circunstancia comienza a tomar leche de biberón, lo más probable es que ya no acepte el seno materno. Succionar la mamila le exige menos esfuerzo y parece no haber nada en los instintos del recién nacido que lo impulse a preferir la insuperable leche materna. Esta peculiar conducta parece anticipar la inclinación que, a lo largo de su vida, el ser humano tendrá por la ley del menor esfuerzo.

En el Imperio Incaico, el precepto de no ser ocioso era uno de los puntales del terceto que incluía no mentir (Ama Llulla) y no ser ladrón (Ama Sua): así de importante. No más. Nuestro mundo “moderno” vive generando nuevos recursos tecnológicos precisamente para evitarnos la fatiga, como diría algún personaje de Chespirito.

Para que los niños jueguen ya no tienen que salir al patio, ni siquiera ponerse calzado; sólo tienen que encender algún dispositivo electrónico. Y en las fiestas infantiles, tampoco tienen que buscar algo con qué entretenerse; de eso se encargan “dalinas” o payasos. Todo ese culto al menor esfuerzo termina por contribuir en la llamada “crisis de valores”, pues el sueño de la “plata que llega sola”, sin esfuerzo, siembra corrupción por do quiera que volteemos la mirada.


En el policía de tránsito que deja circular la combi destartalada a cambio de una coima; en el revendedor de entradas; en el médico que cobra en el hospital mientras trabaja en su consultorio; en el funcionario edil que cobra por permitir una construcción ilegal; en el dirigente que pide “lentejas”; en el que compra objetos robados; y en todas las manzanas podridas que, por flojera, no desechamos.
(OCTUBRE, 2015)

jueves, 31 de marzo de 2016

Plagiar es robar

Quienes ejercen la docencia en los distintos niveles lo saben: el “copy-paste” es una de las plagas más perniciosas que las nuevas tecnologías han introducido en los centros de estudio. Tan familiarizadas que están las nuevas generaciones con el uso de internet, les cuesta apenas unos “clicks” llegar a una información  medianamente cercana a la solicitada por el docente y listo, solo tienen que copiar y pegar, sin siquiera haber leído el material. 

Y en Internet encuentran de todo, desde el sesudo ensayo hasta la reseña más simple redactada en “nivel escolar”, que pueden utilizar para no levantar sospecha. Al final, cuando el “profe” no se da cuenta, se sienten satisfechos, como si realmente hubieran cumplido su labor. Comentan el asunto en tono de broma y comienzan a ganar honores en esa vergonzosa escuela peruana de la “criollada”. Como hasta el sacerdote plagia, el famoso doctor y el premiado escritor, entonces se pierde de vista de que el asunto es grave.

Y no es sólo una cuestión moralista, eso sería como decir que los carteristas son juzgados por un exceso de ética. Puesto que el plagio es el uso de una idea ajena como propia, es  un robo intelectual. Pero, como la intelectualidad está venida a menos, su importancia es poco valorada.


Una cosa es saber que existen asaltantes, otra muy distinta es sufrir un asalto en carne propia. Curiosamente, lo mismo sucede con un plagio. El tema puede sonar superfluo para algunos, hasta que llega alguien que plagia su trabajo. En ese momento te sientes tan violentado como cuando un delincuente te arranca la cartera. No es broma, y mucho menos una que deba consentirse en los colegios. (SETIEMBRE, 2015)

Universitarios aburridos

Alumnos de quinto año de la Escuela Profesional de Ciencias de la comunicación de la Unsa han juntado firmas para solicitar el inmediato cambio de un docente. En el memorial presentado al jefe del Departamento Académico se puede leer lo siguiente: “los alumnos no entendemos lo que nos quiere enseñar, además de aburrirnos” (sic).

Respecto a este pedido no podemos pasar por alto dos cuestiones muy importantes: la primera, que la calidad de algunos docentes universitarios es cuestionable; y la segunda, que la calidad de los estudiantes también deja mucho que desear. De lo primero podemos responsabilizar a la politización de la administración universitaria que no siempre selecciona a sus docentes con criterios académicos. De lo segundo, el culpable es el sistema educativo, que apenas logra formar a los escolares y que los deja muy lejos de entender en qué consiste una formación universitaria. Que un profesor universitario “nos aburra” no es razón suficiente para desacreditarlo como tal.

Las llamadas academias pre-universitarias que han proliferado en los últimos años y que hasta se han convertido en “colegios pre-universitarios” dirigen sus esfuerzos “pedagógicos” hacia un solo objetivo: el examen de ingreso a la universidad. Y el sólo hecho de responder satisfactoriamente una base de datos dista mucho de una formación educativa de calidad. Ingresar con un puntaje de 20 sobre 100, además, no asegura en mucho la capacidad del alumno para enfrentar una formación universitaria. Eso debería cambiar.


Actualmente, el sistema universitario se encuentra en un proceso de reforma, el cual parece sólo estar involucrando a la comunidad universitaria, cuando en realidad nos concierne a todos, pues se trata de las aulas que forman a los profesionales que construyen nuestra sociedad. (JUNIO, 2015)