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jueves, 31 de marzo de 2016

La culpa

La periodista admite que pagó 30 mil dólares por obtener la entrevista de un prófugo de la justicia; y cree que con colocar la palabra “verdad” en medio de su confesión, ya puede responsabilizar al gobierno de su abrupta salida de los medios periodísticos para los que trabajaba. Jugada peligrosa.
Milagros Leiva parece creer que la falta de ética se expía con la confesión, al punto de dejarla en condición de víctima, e incluso de maestra. Ahí tenemos sus múltiples declaraciones distinguiendo quién es periodista y quién no en la medida de que la hayan exculpado o lapidado, luego de conocerse la verdad de sus oscuros tratos con el amigo presidencial, Martín Belaúnde Lossio.

Extrañamente, conocido y ventilado el indebido pago, ella parece sentirse ahora con más credenciales que antes para llamarse periodista. ¿Pensaría igual si estuviera del otro lado? Si fuera la entrevistadora de ella misma, ¿se creería eso de que el dinero salió de sus ahorros honestamente ganados en años de trabajo?, ¿qué los entregó por una “verdad” que ni siquiera consiguió? 

Probablemente, no creería. Dudaría, como todos los periodistas estamos obligados a dudar; aunque tratándose de alguien del “gremio” quisiéramos poder creer. Pero la responsabilidad está ahí y es ella quien la pone sobre la mesa, demandando rigurosidad periodística a quienes la condenan. En ese sentido, aún quedan muchos cabos por atar.


Por el momento será saludable no perder de vista los múltiples intereses que se manejan por debajo de la mesa de los que Leiva no es ajena, los cuales la ponen bastante lejos de la imagen de heroína que parece pretender. (SETIEMBRE, 2015)

jueves, 2 de octubre de 2014

Eso no es periodismo


En medio de este proceso electoral, han circulado en la ciudad diversas publicaciones que parecen periodísticas, pero no lo son. Y no son periodísticas porque su contenido sólo está destinado a apoyar a determinados candidatos. Nada más.

La libertad de opinión las ampara, de eso no hay duda, así como el derecho a defender una candidatura; pero están cayendo en el engaño. Si usted compra una de estas publicaciones esperando obtener información periodística, va a descubrir que pagó 0.50 céntimos por leer únicamente la propaganda de un candidato; y aunque sea un monto bajo, se sentirá estafado.

Situaciones similares se presentan en campañas electorales, es decir, labores proselitistas que aparentan ser periodísticas.  Otro ejemplo son las “entrevistas” a candidatos que se venden como parte del paquete publicitario de un canal de televisión o una radioemisora. En esos casos, no se trata de un periodista entrevistando a un candidato, sino de un trabajador de un medio de comunicación conversando con un cliente. Así, las preguntas no sólo son complacientes sino también aduladoras. Y eso no es periodismo.

Si bien la empresa tiene derecho a vender publicidad bajo el formato que considere conveniente, no es correcto que venda gato por liebre. No se debe decir: “A continuación, una entrevista”, sino: “A continuación, un espacio político contratado”.

Otro caso es el de las supuestas “denuncias” que  aparentan ser el producto de una intensa investigación periodística, pero que sólo son una contra-campaña pagada.


Hoy se recuerda el Día del Periodista, precisamente a cuatro días de culminar una campaña electoral en la que el término periodismo ha sido mal utilizado. No todos merecen un abrazo.

viernes, 11 de julio de 2014

Por Carlos y Mitsu

“Mamá ¿qué hace un periodista?”, me pregunta Sofía. Y entonces me doy cuenta que no es fácil de explicar. Pienso en Carlos Juárez y Mitsu Alvarado, que perdieron la vida haciendo su trabajo de prensa; y en tantos otros que mueren buscando información, así como aquellos que viven bajo amenaza por enfrentarse a grandes poderes. Pienso en los que trabajan en el afán de buscar la verdad y entregársela a los demás para contribuir al desarrollo de la sociedad. Pero, también pienso en aquellos que venden su pluma o que chantajean micrófono en ristre; o esos que no se esfuerzan ni en escribir correctamente o llenan los medios de frivolidades. Y sigo sin responder a mi hija.

No conocí a Mitsu ni a Carlos, pero yo, como ellos, fui reportera de TV-Unsa hace 18 años; y, como ellos, salía a la calle todos los días: cámara al hombro, micro en mano, con la tarea de buscar información y la emoción de saber que ningún día se parecería al otro. En esa tarea de campo pude conocer mi ciudad de cabo a rabo y, sobre todo, a su gente, desde el más humilde de los pobladores hasta la más inaccesible autoridad. Allí es donde se comienza a ser periodista, con ese poder que te da tener acceso a los medios de comunicación masiva. Allí es donde te perfilas en la línea de lo moral o lo inmoral, con los insumos personales que te da tu formación de vida.

Hoy, el periodismo arequipeño está de luto. Se han ido dos jóvenes periodistas que comenzaban a vivir su carrera. Que sea su partida un estímulo para honrar su memoria con buen periodismo.

viernes, 12 de agosto de 2011

Mis quince años… como periodista


Fue en la morgue donde tuve que cubrir la primera comisión que me asignaron como periodista. Era 15 de agosto de 1996 y, la noche anterior, una treintena de personas habían fallecido electrocutadas en el Puente Grau, durante la verbena de aniversario de la ciudad. Una bombarda impactó contra un cable de alta tensión que se partió y cayó sobre la muchedumbre agolpada en el lugar para apreciar la serenata que se realizaba en la avenida La Marina.

Los detalles de la tragedia, nombres de las víctimas, testimonios de testigos y declaración de los parientes fueron la noticia de las siguientes semanas; el proceso judicial contra el alcalde por los lamentables sucesos, de los siguiente meses y hasta años.

Así comencé mi trabajo periodístico, con una de las noticias más impactantes y trágicas de la ciudad. Fue difícil y abrumador, pero también aleccionador en muchos sentidos y para muchos.

Por mi parte entendí que esta carrera me iba a lanzar de bruces contra la realidad a menudo y que tenía que aprender a sobrellevarlo y hasta sacar lecciones de las tragedias. Y eso es algo que agradezco a mi profesión: la oportunidad de vivir el mundo día a día y desde todos sus ángulos; y seguir apreciando la vida, porque también contiene noticias asombrosas y estimulantes, aunque no vayan en portada.

Cuando elegí esta carrera, sólo sabía que lo que más me gustaba en la vida era leer, escribir y conocer el mundo. El periodismo no me ha defraudado y aquellos que lo menosprecian será, supongo, que no lo han vivido apropiadamente. Esta es, para mí, una apasionante profesión que siempre valoraré, respetaré y defenderé.