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jueves, 31 de marzo de 2016

Amores perros

Cuando se supo que más de una veintena de perros callejeros habían sido envenenados en Hunter por órdenes del alcalde de este distrito, las redes sociales se llenaron de piedras y latigazos virtuales en contra del burgomaestre que no tardó en responder negando que haya sido el responsable de tamaña crueldad. Las imágenes que mostraban a los canes agonizando junto a un carro del serenazgo, que aguardaba para llevarse los cadáveres, atizó más la indignación de los cibernautas. 

A juzgar por los dolidos mensajes se podría decir que somos una ciudad amante de los animales, pero no. Esos perros están en la calle precisamente porque alguien más los abandonó y lo más probable es que muy pocos de los indignados cibernautas serían capaces de acoger al menos uno de esos canes en sus casas para salvarlo de morir con el veneno de alguna torpe autoridad. ¿Cuál es la solución? ¿Defender la vida de los perros, a capa y espada, aunque luego nadie quiera hacerse cargo de esas vidas rescatadas?

Los colectivos ciudadanos que se toman el trabajo de recoger perros abandonados lo saben: casi nadie quiere llevarse a casa a un perro callejero, prefieren pagar por un perro de raza, aun cuando dicen ser personas que aman a los animales. Prefieren gastar dinero en llenar de engreimientos innecesarios a un solo perro que salir y darle algo de ayuda a un perro abandonado. Sustentan ese negocio perverso de preñar perras para vender las crías porque son de raza, algo tan cruel como dar veneno a un perro callejero. Y dicen amar a los animales.


Mejor, chapa tu chusco y dale un hogar.
(SETIEMBRE, 2015)

miércoles, 29 de abril de 2015

Menos que animales

Lo encontraron muerto de hambre, literalmente. Rocko llevaba varios meses encerrado en la vivienda en donde Hugo Galindo, su dueño, lo dejó sin alimento. El pobre can fue rescatado por los miembros de una asociación humanitaria, pero nada pudieron hacer por él.  El estado en que fue encontrado partía el alma y quienes vieron ese cuadro no se conformaron con la indignación que sintieron y denunciaron a Galindo ante las autoridades.

Hoy miércoles revisarán el caso en la Comisaría de Palacio Viejo, pero no se puede esperar mucho. Las leyes peruanas no son severas para este tipo de casos y lo más probable es que nada impida que en el futuro, éste y otros hugos galindos sigan torturando animales.

“Una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”, dijo Gandhi y con esa medida nuestro país queda prácticamente en la categoría de salvaje. Ayer mismo, en un video que circuló por Internet, se observaba a un sujeto que, machete en mano, desnucaba a un cachorro. Sucedió en Cusco. El indefenso perrito era tan pequeño que llegaba apenas a los tobillos de su verdugo, el cual reía de su “proeza” con un rostro en el que se perdía todo concepto de lo humano. ¿Quién es el animal?, me pregunto. Pero siento que atribuir la palabra “animal” como adjetivo para un sujeto como aquél, es tanto como halagarlo.


A la crueldad además sumamos la indiferencia. Incluso de aquellos que en un aparente amor desbordado por sus mascotas gastan en superficialidades para sus “consentidos”, cantidades de dinero que bien podrían servir para aliviar el hambre de una docena  de perros abandonados. Las leyes debe mejorar; nosotros como seres humanos, también. (mar.2015)