miércoles, 29 de mayo de 2013
“Machismómetros”
miércoles, 22 de mayo de 2013
Receta casera contra la pobreza
miércoles, 15 de mayo de 2013
Pobres niños ricos
miércoles, 8 de mayo de 2013
"Impasse" de mercado
martes, 4 de diciembre de 2012
Artescénica y el Zoológico de cristal
martes, 27 de noviembre de 2012
Raje del bueno, si es que lo hay
miércoles, 1 de febrero de 2012
Cartas de la Baronesa

Señor de la bocina interminable:
Con el respeto que Usted no merece escribo la presente sabiendo que no llegará a ser de su conocimiento, pero sí -quizá- de entretenimiento para algunos amigos.
No crea Usted que el recordarme mi condición de mujer representa para mí algún tipo de insulto, ni mucho menos que me mande Usted a la cocina; ya quisiera yo poder estar allí y servir de algo. No será con esos supuestos insultos ni con bocinazos que me obligará a "meter carro", como me ordena a gritos desde el auto de atrás, según puedo observar desde el retrovisor. No, porque entonces mi carro obstruiría la intersección de dos calles lo que, además de estar prohibido por el reglamento, atollaría más el tránsito que a todos nos trae locos.
Ya sé que es así como Usted maneja, creyéndose el muy "caña", cerrando el paso a todos; pero yo no. Porque el estar detrás de un volante no anula mi sentido del respeto, ese que me obliga a proceder con los demás, como creo merecer que procedan conmigo.
Sólo me permito sugerirle que la próxima vez que esté en medio de un embotellamiento piense que quizá se deba a que un vehículo cerró todo paso posible, porque su conductor –angustiado por los insultos de otro– optó por “meter carro”.
Atentamente,
La Baronesa de Sambacanuta
miércoles, 26 de octubre de 2011
A propósito de "Bolero de noche"

En el cine peruano de los ochentas, lo mejor que se podía encontrar -cuando se podía encontrar algo bueno- era la temática, incluso a veces más que la propia historia. Por ejemplo en "Gregorio".
viernes, 12 de agosto de 2011
Mis quince años… como periodista
Fue en la morgue donde tuve que cubrir la primera comisión que me asignaron como periodista. Era 15 de agosto de 1996 y, la noche anterior, una treintena de personas habían fallecido electrocutadas en el Puente Grau, durante la verbena de aniversario de la ciudad. Una bombarda impactó contra un cable de alta tensión que se partió y cayó sobre la muchedumbre agolpada en el lugar para apreciar la serenata que se realizaba en la avenida La Marina.
Los detalles de la tragedia, nombres de las víctimas, testimonios de testigos y declaración de los parientes fueron la noticia de las siguientes semanas; el proceso judicial contra el alcalde por los lamentables sucesos, de los siguiente meses y hasta años.
Así comencé mi trabajo periodístico, con una de las noticias más impactantes y trágicas de la ciudad. Fue difícil y abrumador, pero también aleccionador en muchos sentidos y para muchos.
Por mi parte entendí que esta carrera me iba a lanzar de bruces contra la realidad a menudo y que tenía que aprender a sobrellevarlo y hasta sacar lecciones de las tragedias. Y eso es algo que agradezco a mi profesión: la oportunidad de vivir el mundo día a día y desde todos sus ángulos; y seguir apreciando la vida, porque también contiene noticias asombrosas y estimulantes, aunque no vayan en portada.
Cuando elegí esta carrera, sólo sabía que lo que más me gustaba en la vida era leer, escribir y conocer el mundo. El periodismo no me ha defraudado y aquellos que lo menosprecian será, supongo, que no lo han vivido apropiadamente. Esta es, para mí, una apasionante profesión que siempre valoraré, respetaré y defenderé.
lunes, 28 de marzo de 2011
Infidelidad





