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viernes, 1 de abril de 2016

Pecados capitales

Alan García es pecador aunque hable con Dios para indultar a narcotraficantes: es un adúltero confeso, soberbio, avaricioso y goloso, entre otros “pecados” que prescribieron ante la ley del hombre, como el enriquecimiento ilícito.

Keiko Fujimori incurre en el pecado capital de la pereza, pues en 40 años de vida, el único trabajo que se le ha conocido es el de congresista; además, no cumplió el mandamiento de honrar a su madre. Peor aún: pecó por omisión, como primera dama de un gobierno que violó sistemáticamente los derechos humanos. Pecar por omisión es tan grave como pecar por obra, según la doctrina católica.

Pero de estos dos pecadores, monseñor Javier del Río no dijo ni pío en la homilía aquella en la que, sin embargo, sí menciona a dos candidatos de nombre y apellido, para decir que es pecado votar por ellos porque están a favor de la unión civil y el aborto en caso de violación.

No sorprende, pues en los últimos años, la iglesia Católica, en sermones y “marchas por la vida”, ha dejado en claro sus prioridades: es más grave que dos personas que se aman quieran casarse ante el Estado, que la esterilización forzada de humildes mujeres; más grave que una mujer violada pueda decidir la interrupción de un embarazo, que los niños ultrajados por sacerdotes pederastas.


La intervención del Arzobispo ha sido criticada; sin embargo, hay que tener en cuenta que los fieles católicos no son muy dados a obedecer los preceptos que se imparten desde los púlpitos. Si fuera así, no se cometerían tantos crímenes en un país mayoritariamente católico. Confiemos en que esta vez, tampoco le hagan caso al cura.
(MARZO, 2016)

Votar y pecar

El arzobispo de Arequipa ha pedido no votar por candidatos que apoyan el aborto en casos de violación y la unión civil entre personas del mismo sexo. Monseñor Javier del Río Alba ha señalado que si los católicos votan por ellos se convierten en “cómplices de pecado gravísimo”.

“Coherente”, han dicho muchos en las redes sociales respecto al pedido del prelado. “Un católico consecuente con sus principios no puede votar por esos candidatos”, señala otro usuario de Facebook. Y de pronto, se habla de votar por principios, en un país en el que se elige al que roba pero hace obra. Lamentable que los principios sólo tomen fuerza cuando se trate de discriminar.

Pero si de principios se trata, Monseñor tendría que alargar su lista de pecadores cómplices: los que representan a una institución que ha encubierto  a violadores de menores, por ejemplo; o los que defienden a expresidentes presos por violación de derechos humanos. Ellos y sus seguidores también deberían ser rechazados por el voto popular y condenados al fuego eterno, según esta extraña ensalada de complicidades, votos y pecados que ha recetado el arzobispo.


En las redes sociales se ha criticado la intromisión de del Río en política, en su calidad de representante de la Iglesia Católica. Y quizás lo que debería pedirse no es que el clero inhiba el ejercicio de sus derechos civiles sino que ejerzan también sus deberes y que paguen impuestos, por ejemplo, o que el Estado deje de subsidiar a la Iglesia en consideración a su carácter laico establecido en la Constitución. Al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios.
(ENERO, 2016)