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miércoles, 29 de abril de 2015

Esperando nuevos ministros

Durante el debate parlamentario que terminó con la censura de la Premier Ana Jara quedó en claro que, si bien la razón expuesta era el rastreo realizado por la DINI a opositores y ciudadanos, la decisión fue tomada en rechazo a las políticas de gobierno en general. “Un jalón de orejas”, lo han llamado; pero la comparación es muy ligera, tomando en cuenta que el país ha quedado en una complicada crisis política. Censurar a un Primer Ministro es asunto mayor aunque sus promotores pretendan minimizarlo.

Ana Jara
En Arequipa, la censura al gabinete Jara repercute directamente en el manejo del conflicto existente en el valle de Tambo por el rechazo al proyecto minero Tía María, entre otras cosas porque la Mesa de Desarrollo instalada en la zona contaba con la participación de los ministros de varias carteras, cuya situación queda en suspenso. El forzado cambio de gabinete también afecta a los damnificados por los desastres naturales en todo el país que esperan ayuda del gobierno central.

A cambio de todo esto, qué se consigue con la censura: Demostrar la debilidad del gobierno y ese es sólo un mezquino cálculo político, sin desmerecer la importancia de las denuncias contra la DINI, que debieron tener mejor arreglo en aras de solucionar los problemas urgentes del país.


Aunque a estos parlamentarios también les correspondería una censura, es preocupante el escenario de una posible disolución del Congreso, si no otorga la confianza al nuevo gabinete. Esperemos que eso no suceda. Pero, además de cruzar los dedos, como ciudadanos nos corresponde anotar bien el nombre de los actuales congresistas para no cometer el error de volverlos a elegir. (mar.2015)

martes, 2 de septiembre de 2014

Por un pelo


Los gobiernos regionales y locales necesitan una reforma legislativa para impedir que se malversen los fondos del Estado; la Ley de Partidos requiere cambios para que se impulse la ciudadanía; así como urge modificar la Ley Electoral para evitar que “cualquiera” postule al gobierno. Éstas son sólo algunas tareas urgentes que el Congreso deja de lado para enfrascarse en pugnas por el poder, el protagonismo o los intereses particulares.

Ya conocemos la noticia, el gabinete Jara logró la aprobación del Congreso con el voto dirimente de su presidenta y sumando los votos de última hora de dos ministros-congresistas. Para la oposición se trata de una “victoria pírrica” del oficialismo, es decir que no tiene valor; mientras que el Ejecutivo pasa el asunto por agua tibia.  “Tenemos que voltear la página”, ha dicho Ollanta Humala.

Si el gabinete no hubiera obtenido el voto de confianza del Congreso, el Ejecutivo habría tenido que armar uno nuevo con la cantera de técnicos que no tiene. Así resulta que la ajustada decisión de ayer fue el mal menor, pero un mal al fin y al cabo. Y si bien, en el Congreso, la oposición parece fortalecida y el gobierno debilitado, eso no implica necesariamente que se vaya a producir los cambios que la población espera.


Y es que, mientras todo este pulseo político acapara la atención, la democracia se debilita, las soluciones no se plantean, los planes no se ejecutan, los médicos permanecen en huelga, las AFPs continúan esquilmando el ingreso de los trabajadores y la población sigue avergonzada de su clase política.