miércoles, 26 de marzo de 2014

Pastilla antiabortiva

Miles y miles de personas participaron el pasado sábado en diferentes ciudades del país en la denominada “Marcha por la vida”, que fue convocada por grupos católicos en contra del aborto. Cabe recordar que el aborto en el Perú es un delito que tiene pena de cárcel; y, aunque el aborto terapéutico es legal, la falta de un protocolo médico impide su aplicación. En otras palabras, las organizaciones que se autodenominan “pro-vida” piden que las leyes y normas no cambien, frente a los grupos que están pidiendo la legalización del aborto, en situaciones específicas.

Que la Iglesia Católica tiene una gran influencia en el Estado no es noticia para nadie, con lo que no es difícil saber que será muy complicado para un gobierno tomar una decisión que contravenga la postura de ésta, aunque la Constitución establezca que somos un Estado laico. La razón: la mayoría de votantes son católicos.

Se estima que en el Perú se producen unos 352 mil abortos al año, con las leyes como están. Es decir que no son las leyes las que alientan o impiden que un aborto se realice. La solución no está, entonces, en las leyes; al menos no en su totalidad.


Así las cosas, la causa católica antiaborto parece estar olvidando un flanco: sus propios fieles. Esos fieles que son mayoría en el Perú y que deberían cumplir aquello que su Iglesia manda con o sin leyes de por medio. Así, para reducir el número de abortos no sería necesario que impongan sus creencias a quienes no profesan su mismo credo, y el Estado podría mantener la neutralidad que le corresponde.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Malos planes

No sólo sus nombres son muy técnicos: Plan Metropolitano de Desarrollo (PMD) y Plan de Acondicionamiento Territorial (PAT), sus contenidos lo son aún más. Y son estos documentos, de complejo entendimiento, los que establecen el futuro de la ciudad como tal (hacia dónde crecer y dónde no hacerlo, con qué criterios, etc.)

Su elaboración fue encargada hace más de un año por la Municipalidad Provincial de Arequipa al Consorcio Peruano Español GR. Los Colegios Profesionales además de algunos municipios distritales y Sedapar han hecho 255 observaciones. Lo más cuestionable es que estos documentos establecen la urbanización de 400 hectáreas de campiña. Este atentado se puede evitar puesto que los planes tienen que ser aprobados por el Concejo Provincial antes de entrar en vigencia. El riesgo son los intereses en juego.

Pese a ser defensor de estos planes, el burgomaestre provincial, Alfredo Zegarra, se ha comprometido en no ceder “ni un cm2 de campiña para habilitaciones urbanas”. El mensaje debería ser tranquilizador, pero no lo es. En inicio porque el compromiso de Zegarra durará mientras sea alcalde, según él mismo lo ha escrito en su cuenta de Facebook; y luego porque su gerente de Desarrollo Urbano, Carlos Moya, ya está actuando como si los planes estuvieran aprobados. En un oficio, Moya ha comunicado a la familia Bedregal Durand que su terreno agrícola de 2.2 hectáreas se encuentra zonificado como "Urbano de Alta Densidad" en el PDM, a pesar de que este documento aún está en revisión. Las suspicacias sobre intereses económicos no necesitan más argumentos.

La Contraloría General de la República ha recomendado que no se aprueben estos planes si no se corrigen las observaciones. ¿Oirán los regidores? 





martes, 11 de marzo de 2014

Ni flores ni bombones

Magnolia tiene 41 años y trabaja instalando mayólicas en obras de construcción. Por su labor recibe entre 25 y 30 soles diarios, según el acuerdo al que llegue con el maestro de obra. A un varón que realice similar trabajo le pagan entre 80 y 90 soles. La discriminación se produce en labores que no requieren fuerza física y que las mujeres realizan con igual destreza que los hombres.

Raquel tiene 35 años y acaban de promoverla en la empresa donde trabaja. En su oficina corre el rumor que el ascenso lo ganó “en privado” con su jefe inmediato. Una limpia trayectoria de 10 años y un reciente estudio de posgrado no son datos que se incluyan en el chisme.

Angélica, de 45 años, se levanta temprano para dejar listo el almuerzo del día. Prepara el desayuno para toda la familia y embarca a los niños al colegio, antes de salir a trabajar. Por la noche se encarga de ordenar la casa y los fines de semana, de las compras. Su esposo trabaja.

Las mujeres ocupan hoy espacios que antes sólo pertenecían a los hombres. Llegar a esa situación no ha sido fácil y mantenerla lo es menos. No se trata de una simple competencia de géneros, sino del reconocimiento de la igualdad de derechos y libertades, entre hombre y mujer; al margen de las diferencias físicas y emocionales que existen entre ellos.


Para recordar este tipo de situaciones existe el Día Internacional de la Mujer, para reflexionar sobre las discriminaciones que persisten, los prejuicios que limitan y la violencia que mata. Este 8 de marzo no es día para flores, bombones y canciones manidas, por favor.

Tanto Tambo

Conozco personas que rechazan la minería; otras que tratan de aprovechar la actividad minera, trabajando; otras que lo hacen, manipulando; y otras que se oponen a la minería hasta que, por azar, les toca disfrutar de sus beneficios. La relación de las personas con la minería es esquizoide. No he podido conocer a alguien que rechace la minería, aun cuando los beneficios de oponerse sean menores a los de ponerse a favor. Pero, claro, sería irresponsable pretender analizar una realidad en su conjunto a partir de mi experiencia personal y mi entorno inmediato. Y ese suele ser un error frecuente.

Hace una semana, de paseo por el valle de Tambo, tuve un par de charlas con agricultores del lugar. “Nadie quiere a la mina”, me aseguró uno de ellos, refiriéndose al proyecto Tía María que la empresa Southern pretende instalar en el lugar y que hace más de dos años terminó en una revuelta popular que dejó el saldo de tres personas muertas. “Nos tendrían que dar una indemnización de por vida”, añade tras preguntarle si no existe ninguna posibilidad de que acepten la operación minera.

“Los dirigentes no representan a todos los agricultores… la gente ya está aceptando la mina”, es la frase que esgrime otro agricultor. Dos testimonios opuestos sobre una misma realidad que escuché en el valle, al igual que las dos versiones que se escuchan en los medios. La verdad no es fácil de asir, sobre todo  cuando existen intereses económicos muy grandes de por medio.


Bien haría falta un intermediario técnico y apolítico que reconozca el verdadero sentir de la población directamente afectada y  que pueda proteger el valle sin enemistarlo con el progreso.

Malas mañas

A la presidenta del Consejo Regional de Arequipa, Yamila Osorio, no le correspondía ese cargo. Según un acuerdo pactado años atrás, la presidencia del CRA durante 2014 debía recaer en Hernán Gutiérrez, consejero de Islay. La historia no es nueva, como tampoco es ningún secreto que ella es la carta que el presidente regional Juan Manuel Guillén Benavides tiene para la postulación a un tercer periodo en el GRA, en su reemplazo, en caso que su salud no se lo permita.

Y es ésta estrategia política la que provocó el nombramiento de Osorio en la presidencia del CRA. “Una decepción”, clamaron algunos opositores haciendo referencia a la juventud de la nueva autoridad atrapada desde el arranque en viejas mañas políticas. En ese momento, a comienzos de año, la crítica parecía apresurada.

Sin embargo, a sólo un mes en el cargo, la joven ha vuelto a mostrar otro síntoma de estas viejas mañas. En un gigantesco panel, aparece Yamila Osorio impulsando una campaña para el cuidado y sembrado de machas en Camaná. Una campaña – es importante señalarlo- que se realiza con dineros del GRA. Ella afirma no haber incurrido en falta. "Lo hice (la propaganda) con mi plata y con el material que sobró de mi campaña", ha declarado a la prensa. Y ¿por qué usó su dinero para difundir una campaña del GRA? ¿Generosidad o la oportunidad de que su imagen aparezca en una gigantografía vinculada al gobierno regional a pocos meses de las próximas elecciones? El JNE no ha descartado iniciar investigaciones sobre este hecho.


Muchos celebramos la participación de los jóvenes en política, precisamente con la esperanza de que erradiquen las viejas mañas. No nos decepcionen. 

Majes vuelve

A pocos kilómetros de El Pedregal se ubica una especie de ciudad fantasma. Se trata de una plaza principal con edificios adyacentes que fueron construidos entre 1971 y 1973, como parte del proyecto Majes-Siguas I. Se suponía que este sería el centro administrativo de la irrigación y se incluyó, inclusive, un magnífico monumento al agua, con fuentes y canales por donde nunca llegó a discurrir una sola gota de agua; así como, la plaza y los edificios construidos jamás fueron utilizados. Y es que, en la praxis, fue El Pedregal el lugar que se fue convirtiendo en el centro administrativo y económico de Majes.

Esta ciudad fantasma, que aún subsiste en el desierto, se mantiene casi como un ejemplo de lo que puede provocar el exceso de entusiasmo demagógico y la falta de una planificación realista.

Desde el inicio de los estudios para irrigar las pampas de Majes hasta la finalización de la construcción de la primera etapa de este proyecto transcurrieron más de 60 años. Desde entonces, han pasado 30 años más. Entenderán que el entusiasmo no me invade, luego que el pasado jueves se colocara la primera piedra de la segunda etapa; pero tampoco hay que ser pesimista.  Podríamos dejar que los errores de la primera etapa nos sirvan de experiencia: que el entusiasmo, la demagogia y los intereses particulares no cierren el paso a los criterios estratégicos, técnicos y económicos que hagan viable el proyecto en el tiempo.


Y una lección más: la unión hace la fuerza. La primera etapa no obtuvo los resultados esperados porque no se consiguió que los productores se asociasen para reducir costos y aumentar la producción. Esta vez tiene que ser diferente.

Escolares en campaña

Este año Emilia finaliza el colegio, quiere aprovechar las vacaciones para ganar algo de dinero y poder pagar una academia preuniversitaria. Junto a su amiga Sheyla comienza a recorrer las librerías que se ubican en los alrededores del Mercado San Camilo, buscando empleo. Las dos jóvenes, de 17 años, ya han trabajado en el mostrador de una librería en anteriores campañas escolares. Los primeros intentos no llegan con mucha suerte, pues las tiendas ya tienen todo el personal que requieren.  Pero eso no será lo más desafortunado.

En la tercera librería a la que llegan las amigas, el propietario acepta sólo a Sheyla, pero no por falta de vacantes; sino porque considera que Emilia “es muy morenita y está muy gordita”. “Los chicos vienen para la ver a la chicas y compran. Tienen que ser bonitas, pues”, explica el cincuentón con todo desparpajo. La esposa de éste abona un comentario que derrumba a Emilia: “tienes que arreglarte, maquillarte… así pareces una vieja”. Ante semejante mezcla de estereotipos, la joven se marcha humillada sin entender el enrevesado paisaje de prejuicios que acaba de presenciar; mientras que Sheyla termina bajo las órdenes de un sujeto que la considera un “anzuelo” que trabajará más de 60 hora semanales por menos del sueldo mínimo.


“Así son las cosas, señora”, replica la dueña de la librería cuando Emilia regresa con su tía a reclamar por el maltrato; y su rostro impávido denota que para ella nada malo ha sucedido. Pero sí ha sucedido: racismo, sexismo y discriminación por apariencia física, todo aquello que la ley condena, pero que la sociedad contempla como una regla dada e inamovible. Son cosas que parecen empeorar al ritmo del crecimiento económico.

Haya o no haya

“Si eres patriota, ¡marcha!”, increpa una señora a un joven que camina a su lado, en medio de un grupo de personas que se reunieron este lunes en la plaza de armas de Arequipa, para escuchar el fallo de la Corte de la Haya, sobre el diferendo marítimo entre Chile y Perú. Y es que, si algo positivo tuvo este momento histórico –al margen de los balances jurídicos y económicos -, es que se expusieron sentimientos patrios, para variar, fuera del contexto de un partido de fútbol.

Claro está que no es marchando como se demuestra amor por la Patria y, ya que hablamos del fallo de la Corte de la Haya, la recuperación de 50 mil kilómetros cuadrados de espacio marino, tampoco lo es; aunque se trate de un logro muy importante.

Y sirva la ocasión para hablar del amor a la Patria, ahora que todos dejaron su programación habitual de televisión basura para prestar atención a un tema limítrofe, poco claro para muchos. Ese sentimiento de “hacer respetar lo nuestro” debería estar vigente no sólo frente a manos extranjeras; si no, y con más frecuencia, frente a nosotros mismos. En nuestras playas, por ejemplo, tan cercanas a ese mar que ahora celebramos;  convertidas en muladares por peruanos que ejercen equivocadamente  el derecho de propiedad colectiva que tienen sobre ellas.


Llegar a la playa cargados de alimentos y bebidas, para luego dejar los desechos en la arena es una práctica habitual que atenta contra algo que es nuestro. Algo que deberíamos combatir como una pequeña, pero importante, muestra de respeto por nuestro país. 

SIN MEDIDA

Es curioso que en Lima se refieran al resto del país como “provincias”. El centralismo está tan enraizado que éste término apenas si nos llama la atención. Esta exclusión de las “provincias” se aprecia, por ejemplo, en la televisión: Sólo en Lima se mide el “rating”.

Dentro de la globalización, se cree que la televisión regional es la alternativa, es decir una televisión con productos dirigidos al público de cada zona. Pero tenemos muy poca certeza sobre el consumo televisivo local. Hace un tiempo, cuando trabajaba en un canal de televisión supe que en la medición del “rating” los programas locales se disputaban un porción muy pequeña de las preferencias. En otras palabras, los arequipeños no sintonizaban mucho los contenidos locales. 

Uno de los factores que contribuyen a esta situación es que no existen estudios completos sobre las preferencias de productos televisivos locales, lo cual ayudaría en mucho para que éstos mejoren su calidad y contenidos; y puedan, así, subir su audiencia. Pero esto es como un círculo vicioso, pues estos estudios no existen precisamente a causa del centralismo.

Lo mismo sucede con las encuestas. En nuestro medio no existe ninguna encuestadora seria que tome un pulso real a las autoridades locales. Sólo tenemos viscerales programas radiales que, supuestamente, recogen la opinión telefónica de los vecinos; pero sin ningún criterio estadístico. Lo que es peor, se toman estas llamadas como fuente para realizar supuestos estudios de medición de la opinión, sin ningún valor técnico. Lo más grave sucede en tiempo de elecciones, pues aparecen encuestas que colocan nombres de candidatos con altos porcentajes de preferencia que no tienen, movidos por intereses que se juegan bajo la mesa. Debemos estar prevenidos.


El buen vecino

Estamos a diez meses de elegir nuevas autoridades para nuestros distritos, provincias y regiones. El tiempo es muy limitado como para esperar un cambio en el manejo político de las elecciones, sólo nos queda ver cómo aparecen los oportunistas y los viejos políticos conocidos por sus malas mañas. Sobre agrupaciones comprometidas y propuestas serias sólo nos queda soñar. Y, lamentablemente, terminaremos escogiendo  “el mal menor”, como siempre, con la ilusa esperanza de que no sean tan malos.
Suena desolador, pero es realista. Lo ideal sería tener ya una lista de candidatos, para comenzar a depurar las malas opciones. Pero, en este juego de la política, muchos prefieren “guardarse” hasta el final y evitar el “desgaste”. Lo ideal sería que los ciudadanos tuviéramos una vida política activa y permanente, y que los procesos electorales sean sólo el momento decisivo; no el único momento en el que pensamos en el gobierno de nuestras localidades. Pero no es así.

Quizás podría pensarse en un cambio, para más adelante. Por ahora, nos queda buscar al buen vecino. Ese que siempre haya demostrado interés por su localidad, no sólo en las elecciones. Hay que tener en cuenta que un alcalde tiene que ser, principalmente, un buen administrador; que tendrá en sus manos los recursos económicos para mejorar la ciudad. A partir de ese concepto tendremos que elegir la mejor opción. Alguien con honestidad y trabajo conocidos; y no porque lo digan sus pancartas. Alguien que no esté embargando una futura gestión con una costosa campaña, auspiciada con capitales que luego le pedirán que devuelva el favor. Sí, hay que buscar con lupa; y con mucha buena suerte.